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Los predicadores y confesores, médicos son de las ánimas; para curar las enfermedades espirituales conviene tengan esperitia de las medicinas y de las enfermedades espirituales, el predicador de los vicios de la república, para enderezar contra ellos su doctrina, y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dixesen tocante a su oficio, conviene mucho que sepan lo necesario para exercitar sus oficios. Ni conviene se descuiden los ministros desta conversión con decir que entre esta gente no hay más pecados de borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves, y que tienen gran necesidad de remedio: los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supresticiones idolátricas y agüeros y abusiones y cerimonias idolátricas no son aún perdidas del todo. Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolátricas sin que lo entendamos. Y dicen algunos, escusándolos, que son boberías o niñerías, por ignorar la raíz de donde salen, que es mera idolatría, y los confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje para se lo preguntar, ni aun lo entenderán aunque se lo digan. Pues porque los ministros del Evangelio que subcederán a los que primero vinieron en la cultura desta nueva viña del Señor no tengan ocasión de quexarse de los primeros por haber dexado a escuras las cosas destos naturales desta Nueva España, yo, fray Bernardino de Sahagún, fraile profeso de la Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, de la observancia, natural de la Villa de Sahagún, en Campos, por mandato del muy reverendo padre, el padre [_sic_] fray Francisco Toral, provincial desta Provincia del Santo Evangelio, y después obispo de Campeche y Yucatán, escrebí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales desta Nueva España, el primero de los cuales trata de los dioses y diosas que estos naturales adoraban; el segundo, de las fiestas con que los honraban; el tercero, de la inmmtalidad del ánima y de los lugares adonde decían que iban las almas desque salían de los cuerpos, y de las sufragias y obsequias que hacían por los muertos, etc.; el cuarto libro tracta de la astrología judiciaria que estos naturales usaban para saber la fortuna","html":"<h2>Prólogo</h2>\n<p>El médico no puede acertadamente aplicar las medecinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué causa procede la enfermedad, de manera que el buen médico conviene sea docto en el conocimiento de las medecinas y en el de las enfermedades, para aplicar conveniblemente a cada enfermedad la medecina contraria. Los predicadores y confesores, médicos son de las ánimas; para curar las enfermedades espirituales conviene tengan esperitia de las medicinas y de las enfermedades espirituales, el predicador de los vicios de la república, para enderezar contra ellos su doctrina, y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dixesen tocante a su oficio, conviene mucho que sepan lo necesario para exercitar sus oficios. Ni conviene se descuiden los ministros desta conversión con decir que entre esta gente no hay más pecados de borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves, y que tienen gran necesidad de remedio: los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supresticiones idolátricas y agüeros y abusiones y cerimonias idolátricas no son aún perdidas del todo. Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolátricas sin que lo entendamos. Y dicen algunos, escusándolos, que son boberías o niñerías, por ignorar la raíz de donde salen, que es mera idolatría, y los confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje para se lo preguntar, ni aun lo entenderán aunque se lo digan. Pues porque los ministros del Evangelio que subcederán a los que primero vinieron en la cultura desta nueva viña del Señor no tengan ocasión de quexarse de los primeros por haber dexado a escuras las cosas destos naturales desta Nueva España, yo, fray Bernardino de Sahagún, fraile profeso de la Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, de la observancia, natural de la Villa de Sahagún, en Campos, por mandato del muy reverendo padre, el padre [<em>sic</em>] fray Francisco Toral, provincial desta Provincia del Santo Evangelio, y después obispo de Campeche y Yucatán, escrebí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales desta Nueva España, el primero de los cuales trata de los dioses y diosas que estos naturales adoraban; el segundo, de las fiestas con que los honraban; el tercero, de la inmmtalidad del ánima y de los lugares adonde decían que iban las almas desque salían de los cuerpos, y de las sufragias y obsequias que hacían por los muertos, etc.; el cuarto libro tracta de la astrología judiciaria que estos naturales usaban para saber la fortuna</p>\n","citation_key":"citation_lopez_spanish_transcription","citation":{"en":["Spanish by López Austin & García Quintana 2000"],"es":["Español por López Austin & García Quintana 2000"]}},{"id":"e5b8af79-3d6e-4283-b04c-4aa912cbc4be","choice":{"en":["Spanish-to-English by García Garagarza 2023"],"es":["Español-al-inglés por García Garagarza 2023"]},"type":"translation","type_label":{"en":["spanish translation"],"es":["traducción al español"]},"column":"spanish","language":{"en":["English"],"es":["Inglés"]},"language_code":"eng","subtitle":"(García Garagarza 2023)","markdown":"## Prologue\n\nThe physician cannot apply medicine to the sick patient correctly without first knowing from which humor or cause the illness derives. It is therefore proper that the good physician should be learned in the knowledge of medicines and illnesses in order to apply the corresponding medicine appropriately to each illness. Preachers and confessors are the physicians of souls, so in order to cure the illnesses of the spirit, it is advisable for them to have expertise in spiritual illnesses and their medicines. It is most advisable for the one who preaches against the vices of the republic—in order to target his doctrine against them—and for the confessor—in order to know how to ask what is suitable and to understand what they should tell him concerning his task—to know what is necessary to conduct their work. Nor is it advisable for the ministers of this conversion to become careless by saying that there are no more sins of drunkenness, thievery, and carnal lust among this people, for there are many other much more serious sins among them, which are in great need of remedy: the sins of idolatry, idolatrous rituals, idolatrous superstitions, omens, [other] superstitions, and idolatrous ceremonies are still not completely lost. In order to preach against these things, and even to know if they still exist, it is necessary to know how they practiced them during the times of their idolatry, since—because we do not know this—they practice many idolatrous things in our presence without our understanding it. And some people say, as an excuse for them, that those things are mere nonsense or childish things, because they do not know the root cause from which they arise (which is mere idolatry). And the confessors do not even ask about them or even think that such things exist, nor do they know the language, so that they can inquire about them, nor will they even understand it even if they tell it to them. Therefore, so that the ministers of the Gospel who will follow those who first came to cultivate this new vineyard of the Lord do not have reason to complain about the first ones, for having left in obscurity the things pertaining to the natives of this New Spain, I, fray Bernardino de Sahagún, a professed friar of the Order of Our Seraphic Father Saint Francis of the Observant order, native of the town of Sahagún, in Campos—by order of the very reverend father fray Francisco de Toral, provincial of this province of the Holy Gospel, and later bishop of Campeche and Yucatan—wrote twelve books of the divine—or, better said, idolatrous, human, and natural—things of this New Spain, the first of which concerns the gods and goddesses that these natives worshiped; the second, the feasts with which they honored them; the third, the immortality of the soul and the places where they said souls go after they leave their bodies, and the offerings and funeral rites they performed for the dead, et cetera. The fourth book deals with the judiciary astrology that these natives used to tell the \n\n\n[^2]: “Humor”: This refers to the “bodily humors” that were the foundation of European medicine at the time when the Florentine Codex was composed. See Boyle and Owens, _Health_ and Healing, 59, 93, 175–77.","html":"<h2>Prologue</h2>\n<p>The physician cannot apply medicine to the sick patient correctly without first knowing from which humor or cause the illness derives. It is therefore proper that the good physician should be learned in the knowledge of medicines and illnesses in order to apply the corresponding medicine appropriately to each illness. Preachers and confessors are the physicians of souls, so in order to cure the illnesses of the spirit, it is advisable for them to have expertise in spiritual illnesses and their medicines. It is most advisable for the one who preaches against the vices of the republic—in order to target his doctrine against them—and for the confessor—in order to know how to ask what is suitable and to understand what they should tell him concerning his task—to know what is necessary to conduct their work. Nor is it advisable for the ministers of this conversion to become careless by saying that there are no more sins of drunkenness, thievery, and carnal lust among this people, for there are many other much more serious sins among them, which are in great need of remedy: the sins of idolatry, idolatrous rituals, idolatrous superstitions, omens, [other] superstitions, and idolatrous ceremonies are still not completely lost. In order to preach against these things, and even to know if they still exist, it is necessary to know how they practiced them during the times of their idolatry, since—because we do not know this—they practice many idolatrous things in our presence without our understanding it. And some people say, as an excuse for them, that those things are mere nonsense or childish things, because they do not know the root cause from which they arise (which is mere idolatry). And the confessors do not even ask about them or even think that such things exist, nor do they know the language, so that they can inquire about them, nor will they even understand it even if they tell it to them. Therefore, so that the ministers of the Gospel who will follow those who first came to cultivate this new vineyard of the Lord do not have reason to complain about the first ones, for having left in obscurity the things pertaining to the natives of this New Spain, I, fray Bernardino de Sahagún, a professed friar of the Order of Our Seraphic Father Saint Francis of the Observant order, native of the town of Sahagún, in Campos—by order of the very reverend father fray Francisco de Toral, provincial of this province of the Holy Gospel, and later bishop of Campeche and Yucatan—wrote twelve books of the divine—or, better said, idolatrous, human, and natural—things of this New Spain, the first of which concerns the gods and goddesses that these natives worshiped; the second, the feasts with which they honored them; the third, the immortality of the soul and the places where they said souls go after they leave their bodies, and the offerings and funeral rites they performed for the dead, et cetera. 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Los predicadores y confesores, médicos son de las ánimas; para curar las enfermedades espirituales conviene tengan esperitia de las medicinas y de las enfermedades espirituales, el predicador de los vicios de la república, para enderezar contra ellos su doctrina, y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dixesen tocante a su oficio, conviene mucho que sepan lo necesario para exercitar sus oficios. Ni conviene se descuiden los ministros desta conversión con decir que entre esta gente no hay más pecados de borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves, y que tienen gran necesidad de remedio: los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supresticiones idolátricas y agüeros y abusiones y cerimonias idolátricas no son aún perdidas del todo. Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolátricas sin que lo entendamos. Y dicen algunos, escusándolos, que son boberías o niñerías, por ignorar la raíz de donde salen, que es mera idolatría, y los confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje para se lo preguntar, ni aun lo entenderán aunque se lo digan. Pues porque los ministros del Evangelio que subcederán a los que primero vinieron en la cultura desta nueva viña del Señor no tengan ocasión de quexarse de los primeros por haber dexado a escuras las cosas destos naturales desta Nueva España, yo, fray Bernardino de Sahagún, fraile profeso de la Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, de la observancia, natural de la Villa de Sahagún, en Campos, por mandato del muy reverendo padre, el padre [_sic_] fray Francisco Toral, provincial desta Provincia del Santo Evangelio, y después obispo de Campeche y Yucatán, escrebí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales desta Nueva España, el primero de los cuales trata de los dioses y diosas que estos naturales adoraban; el segundo, de las fiestas con que los honraban; el tercero, de la inmmtalidad del ánima y de los lugares adonde decían que iban las almas desque salían de los cuerpos, y de las sufragias y obsequias que hacían por los muertos, etc.; el cuarto libro tracta de la astrología judiciaria que estos naturales usaban para saber la fortuna","html":"<h2>Prologo</h2>\n<p>El médico no puede acertadamente aplicar las medecinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué causa procede la enfermedad, de manera que el buen médico conviene sea docto en el conocimiento de las medecinas y en el de las enfermedades, para aplicar conveniblemente a cada enfermedad la medecina contraria. Los predicadores y confesores, médicos son de las ánimas; para curar las enfermedades espirituales conviene tengan esperitia de las medicinas y de las enfermedades espirituales, el predicador de los vicios de la república, para enderezar contra ellos su doctrina, y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dixesen tocante a su oficio, conviene mucho que sepan lo necesario para exercitar sus oficios. Ni conviene se descuiden los ministros desta conversión con decir que entre esta gente no hay más pecados de borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves, y que tienen gran necesidad de remedio: los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supresticiones idolátricas y agüeros y abusiones y cerimonias idolátricas no son aún perdidas del todo. 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